Historia
El inicio de la pensión
La historia de esta casa comienza en 1955, cuando mis abuelos bajaron de Mendaza para instalar aquí su vivienda y negocio: una tienda de ultramarinos y telas. En aquel moderno supermercado podías encontrar de todo. Mientras el abuelo recorría los pueblos con su furgoneta «Mercedes» azul celeste, la abuela pasaba las horas entre costuras, remiendos y mantelerías. Fue una vida de trabajo incansable, donde solo el «sagrado domingo» dictaba un descanso.
Años después, decidí tomar el relevo de este legado familiar. Con el deseo de conservar la esencia de la casa pero actualizándola a los nuevos tiempos, transformé el antiguo negocio en este albergue. Hoy, el espacio que antes albergaba telas y ultramarinos se dedica a acoger al peregrino, ofreciendo el mismo espíritu de servicio que mis abuelos sembraron hace décadas.
He cambiando su uso para convertirla en un albergue dedicado principalmente al peregrino. Aunque ya no vendemos telas ni recorremos los pueblos en aquella Mercedes azul celeste, la hospitalidad que mis abuelos practicaban sigue siendo el pilar fundamental de Casa de la Abuela
